“Este paraguas está fabricado con redes de pesca recuperadas.”
Suena bien. Es circular. Es sostenible. Tiene una historia fantástica para contar. Y, además, ayuda a vender. Pero detrás de una frase aparentemente tan sencilla empiezan a aparecer preguntas:
¿De dónde proceden esas redes?
¿Quién las recuperó?
¿Quién las transformó?
¿Qué porcentaje de material reciclado contiene realmente el paraguas?
¿Existe documentación que lo acredite?
¿Quién tiene esa documentación?
¿Y podemos conectar toda esa información con este paraguas concreto?
Porque una cosa es decirlo yotra bastante diferente es poder demostrarlo.
Y a partir del 27 de septiembre de 2026, esa diferencia cobra todavía más importancia.
Europa lleva años desplegando nuevas reglas sobre economía circular, residuos, ecodiseño e información ambiental. Una de las que entra ahora plenamente en escena es la Directiva (UE) 2024/825, que refuerza la protección de los consumidores frente a prácticas comerciales engañosas relacionadas, entre otras cuestiones, con las afirmaciones ambientales.
Qué se puede decir, y qué no, con la nueva normativa europea contra el greenwashing
Esta normativa endurece las condiciones para utilizar determinadas afirmaciones ambientales en la comunicación comercial dirigida a consumidores.
Si lo dices, tienes que demostrarlo.
La idea de fondo es bastante sencilla: no basta con decir que algo es sostenible, verde, circular o tiene un determinado beneficio ambiental; hay que poder sostener lo que se afirma y no exagerar su alcance. En otras palabras: si lo dices, tienes que poder demostrarlo.
Pongamos a prueba a Remy, nuestro paraguas amarillo. La empresa que lo fabrica, UM Brand, publica en su web y en sus folletos informativos una serie de afirmaciones. Os contamos cuáles valen y en qué circunstancia.
☂️ “Remy es sostenible y respetuoso con el medio ambiente.”
Demasiado genérico. Si no puedes acreditar qué justifica esa afirmación, no vale.
♻️ “Remy está hecho con material reciclado.”
Cuidado. Si solo el tejido contiene material reciclado procedente de redes de pesca, no puedes dar a entender que todo el paraguas lo está. Mejor: “El tejido de Remy contiene X % de material reciclado procedente de redes de pesca recuperadas”, siempre que puedas acreditarlo.
🌊 “Comprando Remy ayudas a limpiar los océanos.”
Solo si puedes demostrar que existe realmente esa relación. Recuperar redes para fabricar un tejido no permite, por sí solo, atribuir al producto cualquier beneficio ambiental.
🌍 “Remy es CO₂ neutro porque compensamos sus emisiones.”
No. La nueva normativa prohíbe presentar un producto como neutro, reducido o positivo en emisiones cuando esa afirmación se basa en compensaciones externas.
🏷️ “Remy Circular Certified” + nuestro propio sello verde.
No vale crear un sello de sostenibilidad y utilizarlo como si fuera una certificación independiente. Los sellos de sostenibilidad deben cumplir las condiciones que establece la normativa.
🎯 “Remy será 100 % circular en 2030.”
No basta con una promesa. Las afirmaciones ambientales sobre resultados futuros necesitan compromisos claros, objetivos medibles, un plan de ejecución y verificación independiente.
En resumen: puedes seguir hablando de sostenibilidad. Pero cuanto más concreta sea tu afirmación, más concreta tendrá que ser la evidencia que la sostenga.
¿A qué empresas afecta la normativa contra el greenwashing?
Estamos rodeados de afirmaciones ambientales. Y las nuevas reglas europeas no afectan únicamente a los fabricantes de productos: también alcanzan a las empresas que comercializan servicios o utilizan afirmaciones ambientales sobre su propia marca o actividad cuando se dirigen al consumidor.
Un hotel sostenible.
Un evento verde.
Una experiencia carbono neutro.
Un producto reciclado.
Un restaurante eco.
Una marca responsable.
Cualquier empresa que utiliza estas afirmaciones ambientales está bajo la directiva 2024/825
Por eso pueden afectar a marcas y fabricantes, comercios, ecommerce, hoteles, restaurantes, empresas turísticas, organizadores de eventos y empresas de servicios, entre muchas otras.
La clave no está tanto en qué tipo de empresa eres, sino en qué estás comunicando al consumidor sobre tu impacto o comportamiento ambiental. Si utilizas la sostenibilidad como argumento comercial, necesitas saber qué estás afirmando y qué evidencia tienes detrás.
¿Qué evidencias necesita una empresa para justificar sus claims ambientales?
No existe una única “evidencia de sostenibilidad”. Cada afirmación necesita datos y pruebas que la sostengan.
Volvamos a Remy. Si afirmamos que su tejido contiene material reciclado procedente de redes de pesca, necesitaremos acreditar qué material es, qué porcentaje contiene y cuál es su origen.
Esa información puede estar recogida en certificados, documentación del proveedor o en un pasaporte digital que conecte el producto con esas evidencias.
Si comunicamos que hemos compensado determinadas emisiones, necesitaremos poder demostrar qué emisiones se han calculado y qué compensación se ha realizado. Eso no convierte automáticamente a Remy en “CO₂ neutro”: demuestra exactamente lo que podemos afirmar.
Si utilizamos un sello de sostenibilidad, tendremos que acreditar que cumple las condiciones exigidas por la normativa. Y si anunciamos un objetivo futuro (“seremos 100 % circulares”) necesitaremos compromisos verificables, objetivos medibles, un plan y el seguimiento correspondiente.
La lógica es sencilla:
CLAIM → DATO → EVIDENCIA
Y esto no sirve solo para un paraguas. Sirve para un producto, un hotel, un evento, un servicio o una empresa.
Lo que cambia es la afirmación y, por tanto, la evidencia necesaria para sostenerla.
Qué pasa si la evidencia está en manos de tus proveedores
¿Y si la evidencia no está en tu empresa? Sí, puedes saber perfectamente qué quieres demostrar y, aun así, no tener tú la evidencia necesaria para hacerlo. Pero es fácil solventarlo si conectas con quienes la tienen.
Volvamos a Remy. La marca vende el paraguas, pero quien puede acreditar el origen de las redes es una cofradía de pescadores o un recuperador; quien certifica su transformación, un reciclador; quien conoce la composición del tejido, el fabricante; y quien puede acreditar que lo puede recuperar al final de su vida, el gestor de residuos.
La evidencia está repartida a lo largo de la cadena de valor.
Y ahí aparece un nuevo reto: la interoperabilidad. No basta con que cada empresa tenga sus propios certificados, albaranes o datos. Para poder demostrar una afirmación ambiental, esa información tiene que poder fluir entre empresas y conectarse con el producto, material, servicio o actividad al que hace referencia.
PROVEEDOR → FABRICANTE → MARCA → CLIENTE → GESTOR → RECICLADOR → FABRICANTE → MARCA → CLIENTE … y así infinitamente
Cada actor genera una parte de la información. El valor está en poder conectarla y convertirla en una evidencia trazable y accesible.
Y esto ya no va solo de Remy. Un hotel necesita información de sus proveedores; un evento, de montadores, caterings o gestores; una marca, de fabricantes y recicladores.
La circularidad no ocurre dentro de una empresa. Ocurre entre empresas. Y la evidencia también tiene que poder hacerlo.
Menos promesas ecológicas. Más pruebas.
Y una economía circular que se puede demostrar.
¿Cómo preparar tu empresa para las nuevas reglas contra el greenwashing?
La respuesta no es dejar de hablar de sostenibilidad. Es saber exactamente qué puedes demostrar.
Empieza por identificar tus afirmaciones ambientales, determinar qué datos necesita cada una y localizar dónde están las evidencias. Algunas estarán en tu empresa. Otras, como hemos visto, estarán en proveedores, fabricantes, gestores o recicladores.
El verdadero reto es conseguir que toda esa información deje de estar dispersa y pueda conectarse. Y aquí es donde entra Revivack.

Estamos construyendo una capa de Inteligencia Circular capaz de:
ANALIZAR · BUSCAR · CONECTAR · GESTIONAR · EVIDENCIAR
Conectamos productos, materiales, empresas, procesos y evidencias para convertir información dispersa en datos circulares estructurados, trazables y accesibles.
Porque tener un certificado es importante. Poder conectarlo con aquello que quieres demostrar es lo que le da valor.
Y volviendo a Remy: Cuando alguien lea que su tejido contiene material reciclado procedente de redes de pesca recuperadas, detrás de esa frase debería existir una cadena de información capaz de demostrarlo.
Eso es lo que queremos hacer visible.
Menos green claims. Más evidencia.
Y una circularidad que pueda demostrarse

